¿Merece la pena seguir?
Visitas a la Facultad de Comunicación, como la de hace un par de semanas, merecen la pena. Se trata de Jon Sistiaga, un reportero de guerra de Cuatro, aunque esto fue lo primero que negó nada más entrar. No le gusta la etiqueta de "reportero de guerra",y sin duda, lleva razón.
¿Merece la pena seguir? Fue una pregunta que formuló constantemente, y que nos hizo pensar a todos los que allí estábamos. ¿Merece la pena arriesgarse la vida en las trincheras de "x" país? ¿Merece la pensa pasar frío, hambre y sed como cualquier civil en un país en guerra? ¿Merece la pena vivir 15 días en ese país sabiendo que puedes no regresar jamás al tuyo? Pues sí. Decididamente además, su respuesta fue Sí. Merece la pena dar voz a todas aquellas personas que se ven involucradas en un conflicto del que ni siquiera conocen el porqué, y hacerlo llevar a un mundo más civilizado-se supone-.
Una reflexión así, fruto de la más sincera experiencia personal, te toca la fibra humana. Todas aquellas anécdotas que recordó ocultaban una enseñanza periodística...
- Estar en un país en guerra, ver a un niño en el suelo y ensangrentado debe ser inmune para el periodista. El mínimo acto de preocupación de este por el herido puede ser malinterpretado por el guerrillero y atacar contra el profesional.
- Entrevistar a una víctima no es difícil. Siempre es más fácil identificarla con un ser querido. Lo difícil es entrevistar al agresor, al asesino. Estar frente a sus ojos-que derraman más crueldad que sus manos-, contemplar sus victorias de guerra y no poder decirle "eres un hijo de puta", cuesta.
Lo más triste de todo esto, después de arriesgarte la vida, después de pasar hambre, frío y sueño, viene la vuelta a tu país. La vuelta al mundo de las personas civilizadas -allá donde nada es realmente humano...-. La vuelta con el reportaje de tu vida bajo el brazo que no interesa a NADIE. ¿Por qué? Bueno, siempre es mucho más interesante conocer las últimas gamberradas del hijo de la Obregón o ver imágenes del último concierto de la Pantoja. Es triste...
He tenido el honor de haber escuchado a otro gran reportero de guerra, del que aprendí algo de gran valor -que creo que no distaba mucho de lo que dijo Jon Sistiaga-. "Lo triste no es irse a esos países donde hay bombas, heridos y muertes tras la vuelta de cada esquina, allá donde cualquier desconocido solo por compartir un pedazo de pan te salva la vida, allá donde cualquier gesto de simpatía es agradecido de por vida. Lo triste es volver al mundo desarrollado y encontrarte con la hipocresía del día a día, con los buenos días del compañero de al lado -que sabes que te odia pero tiene que ser simpático-, la pena que nos dan los documentales-que nunca vemos-de los niños pobres-a los que nunca ayudamos-... ¿A qué llamamos humano?"


lulu dijo
Cuando hablas de la primera anécdota dices: "El mínimo acto de preocupación de este por el herido puede ser malinterpretado por el soldado y atacar contra el profesional". No sería soldado, ya que los soldados del país en guerra o los que vienen de otros en ayuda humanitariaa nunca van a intrepetar mal tu acto. En todo caso deberías decir terrorista o guerrillero según el país al que te refieras. Un saludo.
3 Junio 2007 | 10:43 PM